Historia

La ciudad de Basilea tuvo su origen a raíz de dos poblados prerromanos que, debido a su favorable posición para el tráfico, se convirtieron en la antigua población de Basilia, citada por primera vez en el año 374 d.C. con motivo de la estancia allí del emperador romano Valentiniano I.

Sede episcopal en el siglo VII, sus titulares intervinieron a partir del siglo X por concesión del emperador Enrique II en el régimen interno de la ciudad y en la elección de los funcionarios públicos. En torno al núcleo antiguo surgió un barrio de mercaderes y una incipiente burguesía (siglos XI y XII), y el desarrollo de la población artesana y de la riqueza mercantil condujo pronto a su enfrentamiento con el obispo de la ciudad. La lucha se prolongó a lo largo del siglo XIII con la intervención de Rodolfo de Habsburgo, quien se apoderó de Basilea en 1273 y la convirtió en bailía del imperio.

Durante el siglo XIV el Consejo de la ciudad estuvo compuesto por 4 caballeros, 8 burgueses y 15 artesanos, a los que se sumaron en 1382 los 15 presidentes de los gremios municipales. La nobleza y la burguesía estuvieron divididas frente a la intervención imperial, partidaria la segunda de la autonomía ciudadana. Hacia 1450, parte de la nobleza abandonó la ciudad, cuyo gobierno quedó en manos de la burguesía y de las corporaciones municipales. Las divisiones internas y los peligros del exterior no obstaculizaron el auge económico de Basilea, que se prolongó a lo largo del siglo XV.

Con la creación de la universidad, en 1460, y el establecimiento de numerosas imprentas se convirtió en un centro de irradiación cultural que contribuyó notablemente a la divulgación de las obras de los grandes humanistas del Renacimiento (Reuchlin, Brant, Erasmo, etc.).

Basilea tomó parte en la guerra contra Carlos el Temerario de Borgoña, y en 1501 ingresó en la Confederación de los Cantones Suizos como undécimo miembro. En los primeros años del siglo XVI, la situación conflictiva planteada entre el obispo y las corporaciones municipales llegó a un punto crítico. En 1521 el Consejo despojó al obispo de su derecho a influir en los nombramientos de consejeros y rompió con la obligación de prestarle juramento. En esas condiciones de inseguridad político-religiosa, la Reforma, preparada por la difusión del humanismo erasmiano, halló un campo abonad, progresando rápidamente. En 1527 y 1528 se hicieron públicas declaraciones de tolerancia, las cuales obligaron al obispo a salir de la ciudad, si bien legal y formalmente la emancipación de Basilea de su autoridad no tuvo lugar hasta 1585. En 1529 las corporaciones votaron la aceptación de la Reforma y el pueblo asaltó las iglesias de la ciudad.

La ciudad conservó una prosperidad relativa y estable, garantizada por la potente burguesía local y favorecida por la inmigración que tuvo lugar a finales del siglo XVI por parte de numerosos grupos de hugonotes franceses, en gran parte artesanos. Su gobierno constitucional estaba en manos del Gran Consejo, compuesto por 180 miembros del llamado Consejo de los Sesenta y del Consejo Secreto o de los Trece, órgano supremo. Las poderosas corporaciones de banqueros y altos comerciantes, constituidas en cerradas oligarquías, ocuparon los órganos superiores del gobierno en los siglos siguientes y se repartieron el poder. Los intentos populares para democratizar el gobierno de la ciudad, como la importante revuelta de 1691, fueron sofocados y solo el impacto de la Revolución Francesa contribuiría a modificar la situación.

En 1803 Basilea obtuvo una Constitución de carácter democrático. En 1833, ante las diferencias surgidas entre los representantes de la campiña y de la ciudad, el cantón se dividió en dos: Basilea-Ciudad y Basilea-Campo. En 1869 fue sede del IV Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores y en 1912 del VIII Congreso de la Internacional Obrera y Socialista. En 1920 fue concedido el sufragio universal.

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